Por Érika Sáenz, gerente comercial International Line
El sector logístico y de transporte internacional en Chile atraviesa un momento decisivo. En un contexto global marcado por la volatilidad económica, los cambios regulatorios y la necesidad de mayor eficiencia, las empresas dedicadas al comercio exterior enfrentan el desafío de adaptarse rápidamente y liderar una transformación urgente.
Uno de los principales desafíos es la fluctuación de costos, influenciada por la inestabilidad en las tarifas marítimas y los recargos por congestión portuaria. Esto ha generado incertidumbre tanto para importadores como exportadores, dificultando la planificación operativa y financiera.
La infraestructura portuaria también representa un punto crítico. Los puertos de Valparaíso y San Antonio, principales nodos logísticos del país, operan al límite de su capacidad. Sin embargo, hay señales positivas: recientemente, el directorio de CAF-Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe aprobó un préstamo por US$150 millones para la Empresa Portuaria San Antonio, lo que permitirá avanzar con el proyecto Puerto Exterior y mejorar la infraestructura a largo plazo.
Otro aspecto relevante es el cumplimiento normativo. Las nuevas regulaciones ambientales y aduaneras, como la reducción de emisiones impulsada por la IMO 2023-2024, están elevando los estándares operativos y los costos para las navieras y operadores logísticos.
A esto se suma la brecha digital en muchas empresas del rubro. La adopción de tecnologías como plataformas de PO Management, que permiten trazabilidad y visibilidad en tiempo real de los embarques, aún es incipiente. La transformación digital ya no es una opción: es una necesidad urgente para la competitividad.
Por último, las tensiones comerciales globales y las políticas arancelarias podrían afectar mercados estratégicos como EE. UU., especialmente en exportaciones agrícolas, vitivinícolas y minerales.
Reinvención, oportunidad estratégica
En este contexto desafiante, el 2025 se presenta como una oportunidad estratégica. Para enfrentar estos retos, la industria debe avanzar hacia una nueva lógica operacional. Desde International Line, identificamos cuatro ejes clave para la reinvención del sector:
Servicios integrados: el cliente necesita más que transporte. Implementar soluciones como PO Management, coordinación desde el origen y control de inventario, permite ahorrar costos y tiempos, aumentando la satisfacción del cliente.
Transformación digital: invertir en inteligencia artificial, automatización de procesos, IoT y blockchain mejorará la trazabilidad y reducirá errores, facilitando el cumplimiento normativo y el control de la cadena logística.
Sostenibilidad: adaptarse a las nuevas regulaciones ambientales mediante combustibles limpios, eficiencia energética y rutas optimizadas no solo es obligatorio, sino que una oportunidad para diferenciarse.
Alianzas regionales: fortalecer colaboraciones con operadores logísticos en países vecinos como Argentina, Perú y Bolivia puede mejorar la cobertura, optimizar costos y abrir nuevas rutas comerciales terrestres y marítimas.
Las empresas deben adaptarse rápidamente para mantener su competitividad. En ese sentido, las tendencias que están moldeando esta transformación incluyen: la diversificación de mercados, un enfoque en la experiencia del cliente, la optimización de costos y modelos de pricing, además de la capacidad de adaptación.
Así, pese a los desafíos, el panorama no es sombrío, sino una invitación a innovar y crecer. Chile está dando pasos firmes para fortalecer su infraestructura logística y su posición en el comercio global. Las empresas que abracen la transformación tecnológica, adopten modelos sostenibles y se enfoquen en ofrecer soluciones integradas estarán a la vanguardia de esta nueva era logística.
Lo cierto es que estamos en un punto de inflexión donde las empresas que se anticipen y evolucionen marcarán la diferencia.