Durante 2025, Copefrut alcanzó un hito que pocos en la industria pueden exhibir al cumplir setenta años de historia. Lo que nació en la Región del Maule como una cooperativa de agricultores de la zona centro-sur, hoy se posiciona como una empresa global profesionalizada que no olvida su esencia colaborativa. Para su gerente general, Andrés Fuenzalida, este aniversario no fue solo oportunidad para mirar el pasado y los logros alcanzados, sino también una ocasión para proyectar el futuro a través de la precisión y la sostenibilidad.

El valor de la historia y el equipo humano

La vigencia de Copefrut en un mercado tan agresivo no es casualidad. Fuenzalida atribuye esta permanencia a una identidad sólida: “Setenta años de historia no se construyen por casualidad. Hemos sabido adaptarnos a los cambios, anticipar los desafíos del mercado y, sobre todo, poner a las personas en el centro”, destaca.

Para él, el éxito es un logro compartido que trasciende la tecnología: “Lo que marca la diferencia son las personas. Uno puede tener tecnología o nuevas variedades, pero si no hay equipos detrás, jamás se va a lograr un buen resultado”. Además, destaca el componente emocional de este hito: “Mi abuelo fue uno de los fundadores… y ver que la compañía haya cumplido 70 años es motivo de orgullo que también cumple un sueño para mí”.

El trinomio del éxito: Datos, técnica y trazabilidad

La competitividad actual ya no depende únicamente de producir fruta, sino de cómo se gestiona la información para evitar que el esfuerzo del campo se pierda en la logística. Fuenzalida enfatiza que el acompañamiento técnico y los datos en tiempo real son los motores que están elevando los rendimientos y reduciendo las mermas.

«La calidad se define en el campo, pero se preserva en el proceso y en destino. Por eso es clave tener control en toda la cadena», afirma el ejecutivo.

Para asegurar esto, Copefrut ha implementado una estrategia de trazabilidad campo-destino, apoyada por su presencia directa en mercados estratégicos como Asia, donde cuentan con oficinas y frigoríficos propios. Esto permite una toma de decisiones rápida que garantiza que el producto llegue con la frescura y consistencia prometidas.

En este sentido, Fuenzalida es enfático en que el trabajo del agricultor debe protegerse hasta el último metro de la cadena (la última milla): “La calidad se define en el campo, pero se preserva en el proceso y en destino. Por eso es clave tener control en toda la cadena: desde el huerto hasta el consumidor”, asegura.

Por lo mismo, Copefrut ha robustecido su infraestructura internacional. “Nuestra operación en China, con oficinas y frigoríficos propios, nos permite asegurar la trazabilidad, tomar decisiones rápidas y garantizar que la fruta llegue con la frescura que prometemos”, explica, destacando que esta cercanía con el mercado asiático es lo que permite entender a un consumidor que evoluciona a gran velocidad.

Sostenibilidad: Más que una meta, un indicador de rentabilidad

Uno de los puntos centrales de la gestión de Fuenzalida es la integración de los estándares ESG (Ambiental, Social y Gobernanza) en el ADN del negocio. La compañía ha establecido metas concretas en dos frentes críticos:  energías renovables, donde se busca incrementar la participación de fuentes limpias para reducir la huella de carbono y en eficiencia hídrica, donde es clave optimizar el recurso, mediante sistemas de riego de alta precisión y monitoreo constante.

Lejos de ser solo un compromiso ético, estas medidas se traducen en decisiones agronómicas que impactan directamente en la rentabilidad del socio, ayudándole a cumplir con las exigencias de un mercado internacional que ya no acepta excusas en materia de cuidado ambiental.

Andrés Fuenzalida, gerente general de Copefrut.| Fotografía Copefrut
Andrés Fuenzalida, gerente general de Copefrut.| Imagen: Copefrut

El desafío de la cereza y la expansión global

Sobre el fenómeno de la cereza en China, Fuenzalida reconoce una evolución drástica. Lo que antes era un desafío logístico incierto, hoy es una operación sólida basada en tecnología y cercanía con el consumidor. Sin embargo, advierte que la única defensa ante el aumento de volúmenes es la diferenciación. «Un buen producto siempre es capaz de ser competitivo. El innovar en variedades, como las cerezas bicolor, nos permite estar un paso adelante y ser atractivos para los consumidores», explica.

Esta visión se complementa con una ambiciosa agenda de sostenibilidad que ya no es opcional. La empresa busca que este sea un esfuerzo compartido con sus socios: “Queremos que la sostenibilidad sea un esfuerzo compartido. A través de nuestros equipos técnicos acompañamos a los productores en la implementación de buenas prácticas agrícolas, eficiencia hídrica y certificaciones”.

Además,  de acuerdo a Fuenzalida, la empresa busca trascender fronteras productivas. Actualmente, se evalúan proyectos de producción en otros mercados internacionales para asegurar presencia durante todo el año, no solo en cerezas sino en diversas especies.

Futuro

Mirando hacia las próximas décadas, el objetivo es claro: llevar el sello de Copefrut más allá de las fronteras chilenas. “Queremos que Copefrut siga creciendo y no sea solo un actor nacional, sino también a nivel mundial”, afirma Fuenzalida.

Al ser consultado sobre cómo resumiría la visión de la compañía para los próximos 70 años, su respuesta es una declaración de principios: “Seguir creciendo con confianza, innovación y propósito, manteniendo la esencia de quienes partieron hace siete décadas: hacer las cosas bien y hacerlo juntos”.

En resumen,  y con la mirada puesta en los próximos 70 años, la consigna de Copefrut es clara: seguir creciendo con confianza, innovación y  manteniendo el propósito de quienes partieron en 1955: un proyecto donde el productor está al centro y la calidad es la mejor defensa frente a la incertidumbre del mercado.

Fuente: frutasdechile

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Equipo Prensa
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