Entre los fiordos del Mar del Norte un buque cisterna avanzaba como cualquier otro. Pero a bordo del Falstria Swan, algo crucial estaba ocurriendo: una tecnología de medición en tiempo real registraba cada partícula de hollín emitida por sus motores. No se trataba de un ejercicio académico ni de una simulación de laboratorio. Era navegación real, con un propósito claro: comprobar cuánto puede el biodiésel reducir uno de los contaminantes más agresivos del transporte global, incluyendo la navegación.
Ese contaminante es el humo negro, conocido también como carbono negro o “sot”, una forma de hollín ultrafino que se genera en la combustión incompleta de combustibles fósiles. Su impacto es doblemente devastador: no solo contribuye al calentamiento global al absorber radiación solar, sino que, al depositarse sobre superficies nevadas o heladas, acelera el derretimiento de hielos en zonas sensibles como el Ártico. Además, deteriora gravemente la calidad del aire, con efectos directos sobre la salud pública, especialmente en comunidades costeras expuestas a la actividad portuaria.
Frente a ese desafío, el proyecto danés CLEANSHIP se propuso medir en detalle qué ocurre cuando se reemplaza el diésel marino tradicional —conocido como MGO— por biodiésel puro tipo B100 FAME. Liderado por el Teknologisk Institut, y con la participación de un consorcio danés de instituciones científicas, tecnológicas y navieras, el proyecto logró resultados sorprendentes: una reducción del 81% en emisiones de humo negro a baja carga del motor, y del 61% en alta carga.
“Sabíamos que el biocombustible ofrecía una combustión más limpia, pero la magnitud de la reducción —especialmente en baja carga— nos sorprendió positivamente”, explicó Simon Bastrup Spangenberg, experto en medición de emisiones del Teknologisk Institut. Para él, estos datos confirman que el biodiésel no solo aporta a la reducción del CO₂ neto, sino que también incide directamente sobre el humo negro, un factor clave en la huella climática del transporte marítimo. Además, destacó que la tecnología empleada permite un seguimiento mucho más detallado y preciso de las emisiones que lo que era posible hasta ahora.
Tecnología en altamar: midiendo en tiempo real
La pieza central de esta innovación fue una sonda de humo negro desarrollada por la firma danesa Green Instruments, en colaboración con el Teknologisk Institut. Este sensor, montado a bordo del Falstria Swan, permitió obtener datos continuos y en tiempo real durante la operación normal del barco, una diferencia radical frente a las mediciones esporádicas o en condiciones controladas que suelen emplearse.
Para Uni-Tankers, una naviera especializada en transporte de productos químicos y combustibles, esta información no es solo técnica: se traduce en decisiones concretas. “Los nuevos datos sobre el biodiésel B100 en operación real nos dan una base sólida para planificar inversiones en la transición verde —tanto para nosotros como para el resto del sector”, señaló Troels Reppien, director técnico de la empresa.
Con estos resultados en mano, los socios del proyecto elaboraron un whitepaper que ya fue presentado ante la Organización Marítima Internacional (IMO), el principal organismo regulador del transporte marítimo global. El documento será tratado formalmente en la 13ª reunión del Subcomité sobre Prevención de la Contaminación (PPR), prevista para febrero de 2026.
La expectativa es clara: que esta evidencia contribuya a fortalecer los marcos regulatorios internacionales para reducir las emisiones de humo negro, especialmente en las regiones polares, donde su impacto sobre el hielo y los ecosistemas es especialmente destructivo.
Sin embargo, los investigadores reconocen que el biodiésel, al menos en su forma actual, no podrá abastecer todo el consumo energético de la flota internacional. Por eso, el proyecto CLEANSHIP continuará analizando datos y desarrollando recomendaciones para combinar distintas estrategias: combustibles alternativos, tecnologías de eficiencia energética y mejoras operativas.
Dinamarca como laboratorio marítimo del futuro
El CLEANSHIP es más que una investigación: es una apuesta estratégica por la innovación en un país que ya se posiciona como uno de los líderes en transición energética y transporte marítimo sostenible. Financiado con 18,2 millones de coronas danesas (U$S 2,85 millones)por el programa MUDP de la Agencia de Protección Ambiental de Dinamarca, el proyecto cuenta con un presupuesto total de 25 millones de DKK (U$S 3,9 millones) y se extenderá hasta 2026.
Cada actor del consorcio aporta una pieza clave: el Teknologisk Institut como centro de investigación y desarrollo; Uni-Tankers como plataforma de prueba en condiciones reales; Green Instruments como desarrollador de sensores avanzados; y el Mærsk Mc-Kinney Møller Center como referente internacional en descarbonización marítima. Completan el equipo Danske Rederier (la asociación de navieras danesas) y Danske Maritime (que representa a la industria de tecnología marítima del país).
Desde Copenhague hasta las costas del Ártico, el biodiésel B100 ha demostrado que puede ser mucho más que un sustituto del gasoil: puede convertirse en un aliado estratégico para enfrentar uno de los contaminantes más insidiosos del transporte global. La pregunta que queda abierta es si el mundo —y especialmente sus reguladores— están listos para aprovechar esta oportunidad.






























