Analizamos junto a Cooperativas Agro-alimentarias de Andalucía el acuerdo UE‑Mercosur y sus consecuencias para el olivar español: un pacto presentado como oportunidad, pero percibido como amenaza.

Por Marga López Polo, periodista agroalimentaria

Representantes del sector del olivar y la aceituna de mesa de Cooperativas Agro-alimentarias de Andalucía

El acuerdo comercial entre la Unión Europea y Mercosur, negociado durante más de dos décadas, vive hoy una paralización temporal, pero no por ello ajena a movilizaciones del sector y a sus valoraciones. La Comisión Europea lo ha calificado como una “pausa técnica”, y tanto Bruselas como el Gobierno de España han reiterado que el pacto sigue siendo estratégico y que volverá a activarse una vez concluya la fase de revisión. Durante la presidencia española del Consejo de la UE, el Ministerio de Agricultura defendió que el acuerdo abriría oportunidades para sectores exportadores como el aceite de oliva, insistiendo en que España sería “uno de los grandes beneficiados”.

Sin embargo, esta visión institucional contrasta de manera frontal con la percepción del sector oleícola andaluz, que considera que el acuerdo, tal y como está planteado, no solo no beneficia al olivar español, sino que compromete su competitividad futura, como quedó de manifiesto en el reciente desayuno informativo ofrecido por Cooperativas Agro-alimentarias de Andalucía, donde eComercio Agrario fue invitado.

Un acuerdo negociado sin el sector y en condiciones asimétricas

Desde Cooperativas Agro-alimentarias de Andalucía, la crítica es unánime: el sector no ha sido escuchado. Rafael Sánchez de Puerta, presidente de la sectorial del Aceite de oliva de Cooperativas a nivel nacional, lo resume con claridad al afirmar que “no se ha tenido en cuenta al sector para la negociación”. Esta exclusión se agrava, según explica, porque el pacto se ha construido sobre una base profundamente desigual: mientras Europa impone exigencias sociales, laborales y medioambientales cada vez más estrictas, los países del Mercosur operan con marcos regulatorios mucho más laxos.

El resultado es una pérdida directa de competitividad. Sánchez de Puerta lo expresa sin rodeos: “las condiciones sociales y medioambientales nos hacen perder competitividad frente a los países del Mercosur.”

A pesar de ello, algunas administraciones han presentado el acuerdo como una oportunidad para el aceite de oliva. El sector lo considera un diagnóstico desconectado de la realidad productiva. “Dicen que el sector del aceite es un gran beneficiado, pero nosotros no lo vemos así. Nos parece una falta de respeto este acuerdo, porque no es en igualdad de condiciones.”

Un mercado europeo abierto frente a países sin limitaciones de suelo ni agua

Uno de los argumentos más repetidos por el sector es la asimetría productiva. Mientras España afronta limitaciones de agua, restricciones ambientales y dificultades para ampliar regadíos, países como Brasil y Argentina disponen de suelo, agua y capacidad de expansión.

Sánchez de Puerta advierte que, si Europa abre su mercado sin corregir estas diferencias, otros países aumentarán su producción mientras España se ve obligada a contener la suya. Lo resume así: “nos preocupa la limitación de la producción frente a otros países que se van a encontrar un mercado abierto. Esos países no tienen limitaciones de suelo ni de agua.”

El riesgo no es teórico. Cristóbal Gallego, presidente de la sectorial del aceite de oliva de Cooperativas de Andalucía, recuerda que el acuerdo contempla un arancel del 10% durante 15 años para las importaciones europeas, que se irá reduciendo progresivamente, mientras que Argentina podrá exportar aceite a Europa sin arancel desde el primer día. Y aunque hoy Argentina no tiene una producción significativa, el incentivo es evidente: “pueden activar esta producción al encontrarse un mercado libre y sin arancel. Y una plantación de olivar produce aceite en apenas 3‑4 años.”

La combinación de acceso preferente, disponibilidad de recursos y menores costes productivos abre la puerta a una expansión acelerada del olivar en los países de Mercosur. “ellos no tienen ni limitación de suelo ni de agua”, insiste Cristóbal.

La paralización del acuerdo: un alivio temporal, no una solución

La reciente paralización del acuerdo ha sido recibida como una buena noticia, pero el sector no se hace ilusiones. Jaime Martínez-Conradi, director general de Cooperativas Agro-alimentarias de Andalucía lo expresa con claridad: “es una buena noticia que el acuerdo esté ahora paralizado, pero sabemos que en dos años se activará.”

Para el sector, este periodo es simplemente un tiempo de gracia antes de que el pacto se apruebe en su forma actual. Y el impacto, advierten, sería profundo: “será un daño muy lesivo para nuestro sector.”

El sector no rechaza el comercio: exige políticas para competir

Un punto clave que el sector quiere dejar claro es que no se opone al comercio internacional. Al contrario, el olivar español es profundamente exportador. Como recuerda Sánchez de Puerta: “desde cooperativas defendemos un mercado abierto, porque defendemos la exportación.”

El problema no es el comercio, sino la falta de políticas que permitan competir en igualdad de condiciones. Y aquí el diagnóstico es unánime:

Aumentar la superficie regable para transformar secano en regadío.

Políticas de agua orientadas a la competitividad, no solo a la restricción.

Modernización y reducción de cargas administrativas.

Una defensa activa en Bruselas frente a acuerdos que generen competencia desleal.

Martínez-Conradi lo sintetiza en una frase que resume la preocupación del sector: “Solo así podremos tener una olivicultura competitiva.”

Un acuerdo que exige una revisión profunda

El acuerdo UE‑Mercosur se presenta desde las administraciones como una oportunidad estratégica, pero el sector del olivar español lo percibe como una amenaza estructural. La combinación de asimetrías regulatorias, ventajas productivas de los países del Mercosur, limitaciones internas en agua y superficie, y un acceso preferente al mercado europeo para competidores emergentes, configura un escenario que puede comprometer el liderazgo mundial del aceite de oliva español.

La paralización actual ofrece margen para corregir desequilibrios, pero el tiempo es limitado. Como advierte el propio sector, si España no adopta ya políticas de competitividad, el olivar español puede perder terreno en apenas unos años.

Fuente: E Comercio agro

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