De los primeros árboles a la integración vertical

La empresa se fundó en 2003 por iniciativa de Viviana Bircher, contadora pública, y Omar Salinas, empleado del Banco Nación trasladado temporalmente a Trelew. La idea inicial era diversificar los ingresos con un pequeño huerto de cerezos en Chubut, apoyándose en el dinamismo que experimentaba la región en el sector.

Las primeras cuatro hectáreas, gestionadas con el apoyo de agrónomos, marcaron el inicio de una trayectoria empresarial que pronto requirió un salto cualitativo. Cuando comenzó la producción, surgió una limitación estructural en la zona: no había instalaciones de envasado cercanas, y la subcontratación suponía menos control y menores márgenes.

En 2010, la familia optó por la integración vertical abriendo su propia planta de envasado, inicialmente de forma artesanal. Una decisión estratégica que permitió gestionar toda la cadena de producción, desde la cosecha hasta el envío aéreo.

 

Desarrollo territorial y mercados internacionales

Hoy en día, la empresa explota 33 hectáreas en Chubut, en las chacras Cielos del Sur, Glyn y Las Santinas, y 46 hectáreas en Santa Cruz, en Los Antiguos, en «Villa Favaloro». El crecimiento del sector de la cereza en Sudamérica está estrechamente vinculado a la expansión de Chile en China.

El mercado chileno allanó el camino al captar la demanda china y forjarse una sólida reputación. Argentina, por su parte, se enfrentó a retrasos en la apertura de protocolos fitosanitarios con Pekín, llegando tarde a un escenario en el que las cerezas se perciben a menudo como un producto chileno.

Hoy en día, el reto consiste en consolidar el origen argentino ante los consumidores internacionales, a pesar de las dificultades relacionadas con los elevados aranceles y varios mercados que siguen cerrados desde el punto de vista sanitario.

 

Exportaciones y variedades cultivadas

La empresa exporta alrededor del 70 % de su producción a destinos accesibles por vía aérea y con protocolos activos: China, Estados Unidos, Oriente Medio —en particular Dubái— y Singapur en el sudeste asiático. Esta estrategia se basa en mercados con acceso sanitario activo.

Las cerezas son una fruta delicada y muy técnica. La empresa cultiva siete variedades con diferentes calendarios y características: Santina, una variedad temprana y emblemática, que se cosecha entre finales de noviembre y mediados de diciembre; Lapins y Ping; Kordia y Regina, variedades más exclusivas; Staccato y Sweet Heart, variedades tardías ideales para ampliar la ventana de producción.

Algunos cultivares son especialmente sensibles al calor y requieren una cosecha dentro de unos intervalos de temperatura precisos para evitar que se agrieten.

 

Desde la cosecha hasta el envío aéreo

La cosecha se realiza en cajas de cuatro kilos. Para detener la maduración y preservar la firmeza y la calidad, las cerezas se colocan en carros cubiertos con espuma empapada en agua clorada para bajar la temperatura y mantener la humedad.

El transporte a la planta de envasado se realiza en camiones refrigerados, donde el producto se estabiliza rápidamente mediante hidroenfriadores, ajustando el tiempo en función de la variedad. Tras el pesaje y el etiquetado por lotes, las cerezas se introducen en cámaras frigoríficas a 4 °C y, posteriormente, en la línea de clasificación, donde se clasifican por calidad y tamaño.

Para la exportación se utilizan bolsas de atmósfera modificada. Una vez envasada, la fruta se paletiza y se enfría a 0 °C, lista para su transporte aéreo desde Ezeiza hasta el cliente final.

 

Producción, familia y expansión

La producción varía en función de las condiciones climáticas, pero en los últimos años ha oscilado entre 900 000 y 1 millón de kilos anuales, con 600 000-700 000 kilos exportados. Durante la temporada, la plantilla alcanza los 220-240 empleados.

Una parte de la producción se queda en el mercado nacional, que en los últimos dos años ha mostrado una mayor sostenibilidad debido a las diferencias en los tipos de cambio, mientras que en el pasado los precios ni siquiera cubrían los costes de envasado. La gestión sigue estando muy orientada a la familia e involucra a los fundadores, a su hija Sofía, a su hermano Cristian, a su tío y a la pareja de Sofía.

Hoy en día, el principal cuello de botella es la capacidad de la planta de envasado y las cámaras frigoríficas, actualmente insuficientes en comparación con los volúmenes. El objetivo es invertir en una nueva planta de envasado con mayor capacidad de almacenamiento y refrigeración y con mejoras estructurales en el envasado para la exportación.

 

Un nicho de mercado para Argentina

La empresa está a la espera de firmar un contrato para adquirir un terreno más amplio en el parque industrial de Trelew; como alternativa, se están barajando soluciones en otras zonas de la provincia u otras regiones, o la externalización de servicios, un escenario que tendría implicaciones en materia de empleo.

Argentina produce alrededor del 1 % del volumen de Chile y, en este contexto, la estrategia no puede basarse en la competencia por el volumen, sino en el desarrollo de un nicho premium basado en la calidad, la eficiencia y la fiabilidad comercial.

Para Frutos del Valle Patagónico, la palabra clave es consistencia: mantener altos estándares, cumplir con los programas y garantizar la continuidad para los clientes. En un segmento de delicatessen como el de las cerezas, es precisamente la credibilidad a lo largo de toda la cadena de suministro lo que marca la diferencia y sustenta el crecimiento futuro

Fuente: Clarin 

 

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Equipo Prensa
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