El trabajo de investigación realizado por Pablo Ulloa, Martina Ladino, Bruno Defilippi y Soledad Sánchez del INIA, plasmado en este documento describe un patrón que el rubro de productores y exportadores conoce: la antracnosis se instala en campo, permanece latente y recién con la maduración se expresa con lesiones que avanzan y terminan por derribar la calidad comercial. Esa latencia es especialmente peligrosa cuando la fruta viaja más lejos, porque el reloj de la madurez corre mientras el contenedor avanza.
En esta investigación se señala que, en huertos comerciales, se han identificado más de 10 especies vinculadas a Colletotrichum, lo que complica el control único y obliga a pensar en barreras múltiples, desde el manejo del inóculo en campo hasta las decisiones de postcosecha. En paralelo, la pudrición peduncular se asocia a un complejo donde destacan agentes como Neofusicoccum australe y N. aesculi, además de otras especies reportadas, con capacidad de avanzar desde el pedúnculo hacia la pulpa durante la maduración.
Además recoge un escenario donde los fungicidas registrados para palta en Chile, como prochloraz y tiabendazol, enfrentan restricciones por LMR y decisiones regulatorias en mercados clave. Se consigna la no renovación de prochloraz en la Unión Europea y la ausencia de tolerancia en Estados Unidos para palta, además de la tendencia a endurecer requisitos para tiabendazol. Cuando el cumplimiento de residuos pasa a ser un factor de competitividad, el manejo ya no puede depender de una sola molécula.

La alternativa que gana espacio: compuestos volátiles con acción antifúngica
Aquí aparece el corazón del avance: los aceites esenciales, compuestos aromáticos volátiles de origen vegetal con actividad antifúngica, que donde Ulloa, Phillipi y Sánchez evalúan como alternativa de menor impacto ambiental y sanitario. En ensayos in vitro, el aceite de hinojo mostró un efecto marcado contra Botryosphaeria, alcanzando 70% de inhibición en una de las concentraciones evaluadas, mientras que el aceite de mostaza exhibió mejor desempeño relativo frente a Colletotrichum, con alrededor de 35% de inhibición comparado con el control. Los resultados no reemplazan por sí solos un protocolo comercial, pero sí entregan una señal técnica: hay herramientas naturales con capacidad real de frenar patógenos relevantes.
En su investigación plantean que el uso de estos aceites esenciales puede ser una estrategia complementaria o incluso un potencial sustituto de agentes tradicionales para extender vida útil y reducir daño por patógenos de postcosecha.
Es relevante en lo práctico la construcción de programas donde temperatura, atmósfera controlada y decisiones de protección se integren con alternativas naturales, especialmente cuando la presión de inóculo es alta y los márgenes de residuos son estrechos.
Este trabajo realizado por INIA cuenta con financiamiento FONDEF IDEA ID23I10106.
Fuente: Frutas de Chile

































