Según Antonio Walker, presidente de la Sociedad Nacional de Agricultura (SNA) y ex ministro de Agricultura de Chile, el sector podría iniciar pronto un importante proceso de reconversión para enfrentar el riesgo de sobreoferta.
Con más de 80.000 hectáreas de cerezos plantados en el país, el debate ya no se centra únicamente en ampliar la superficie cultivada, sino cada vez más en la calidad del producto, el tamaño de la fruta y la eficiencia del huerto.
La última campaña ha puesto de relieve varios desafíos para la industria chilena de la cereza. Según estimaciones de la asociación Frutas de Chile , se espera que durante la temporada actual el país exporte alrededor de 114 millones de cajas de cerezas, de las cuales 98 millones se destinarán al mercado chino.
Esta fuerte concentración de envíos hacia un único mercado ha generado un exceso de oferta en China, lo que ha provocado una caída de los precios. Walker describió la temporada como muy difícil, destacando el desequilibrio entre los volúmenes exportados y la capacidad del mercado principal para absorber toda la producción.
A pesar de haber superado el umbral de los 100 millones de cajas exportadas durante dos años consecutivos, los rendimientos económicos no han satisfecho a muchos productores.
La reconversión empieza por la calidad varietal
Según Walker, el primer paso en el proceso de adaptación del sector será la reconversión de los huertos menos competitivos.
En particular, se centra la atención en:
variedades que no resisten bien el largo transporte a China
fruta con problemas de firmeza o sabor
variedades que no coinciden plenamente con las preferencias de los consumidores
En un escenario cada vez más competitivo, la productividad de los huertos también se convierte en un factor decisivo. Walker indicó que los huertos con rendimientos de 8000 a 9000 kg por hectárea ya no son sostenibles, mientras que el objetivo debería ser alcanzar unas 15 toneladas (15 000 kg) por hectárea.
Otro elemento clave es el tamaño de la fruta: el objetivo de la industria debería ser obtener alrededor del 75% de la producción con tamaño 2J o mayor, un estándar que ahora exigen los mercados premium.
Posible reducción de la superficie cultivada
Durante su intervención, Walker también abordó un tema que probablemente generará debate: el ajuste de la superficie cultivada con cerezas en Chile.
Según su evaluación, el país podría necesitar reconvertir o eliminar entre 25.000 y 30.000 hectáreas de huertos existentes para que el suministro vuelva a niveles más sostenibles.
El objetivo sería doble:
reequilibrar los volúmenes de producción
Priorizar variedades con mejor calidad organoléptica, mayor calibre y mayor resistencia al transporte
Walker enfatizó que este tipo de transformación no es inusual en el sector frutícola chileno. En el pasado, procesos similares han afectado a cultivos como la manzana, la uva de mesa y el kiwi, marcando etapas de evolución dentro de la industria.
El futuro de las cerezas chilenas
El mensaje del presidente de la SNA es claro: la industria de la cereza chilena está entrando en una fase de madurez.
Después de años de crecimiento extremadamente rápido en superficie cultivada y exportaciones, el futuro del sector dependerá cada vez más de la calidad, la selección varietal, el tamaño de la fruta y una mayor eficiencia de la producción.
En un mercado global donde la demanda sigue siendo fuerte pero cada vez más exigente, las cerezas chilenas necesitarán enfocarse en estándares más altos y estrategias de producción más sustentables para mantener su liderazgo internacional.


































