En los últimos años, la agricultura regenerativa se ha consolidado como un modelo agroalimentario con base científica capaz de mantener el equilibrio entre la naturaleza, las necesidades del sector agrícola y la adaptación al cambio climático. En este sentido, los resultados finales del proyecto RegeneraCat aportan nueva evidencia de los beneficios de este modelo en comparación con el convencional . Entre los hallazgos más destacados, el equipo ha verificado que los alimentos producidos mediante técnicas regenerativas son más saludables. Además, los datos también revelan que el suelo regenerativo almacena más carbono que el suelo convencional, en algunos casos hasta un 35 % más; es capaz de absorber más agua y alberga más biodiversidad.
La iniciativa, liderada por el CREAF, gestionada por la Agencia de Gestión de Ayudas Universitarias y de Investigación (AGAUR) y financiada a través del Fondo Climático del Departamento de Territorio, Vivienda y Transición Ecológica, ha contado con la participación de cuatro explotaciones agrícolas catalanas —una en cada provincia— que llevan varios años aplicando el modelo regenerativo en huertos (Verdcamp Fruits), viñedos (Família Torres), frutales (Pomona Fruits) y vacas en pastoreo (Planeses). En ellas, se han recopilado muestras y datos durante dos años para comparar parcelas regenerativas convencionales.
Alimentos más saludables
En concreto, el análisis nutricional se realizó en cinco alimentos de tres de las fincas participantes: calabazas y calabacines de Verdcamp Fruits, peras de Pomona Fruits, y leche y yogur de Planeses. «Existen pocos estudios que, como este, hayan evaluado la densidad nutricional de alimentos obtenidos con técnicas regenerativas», afirma Dolores Raigón, investigadora de la Universidad Politécnica de Valencia.
En el caso de las calabazas regenerativas, se ha descubierto que presentan un mayor contenido mineral , lo que implica un mayor aporte de nutrientes esenciales para el buen funcionamiento del organismo. Además, poseen más sustancias antioxidantes que las convencionales, «lo que ayuda a reducir el estrés oxidativo celular y promueve una mayor protección contra enfermedades », destaca Raigón. Por su parte, los calabacines de producción regenerativa contienen más sólidos solubles, cenizas (contenido mineral) y proteínas, lo que generalmente se traduce en una mayor densidad nutricional.
Las peras Pomona Fruits destacan por su equilibrio en la concentración de ácidos y azúcares totales, lo que les da un sabor más equilibrado, ni demasiado dulce ni demasiado ácido. Además, tienen el doble de capacidad antioxidante y un mayor contenido de carbohidratos , lo que las hace más energéticas.
La leche de vacas de la granja regenerativa Planeses, por otro lado, presenta un índice aterogénico claramente menor . «Esto significa que hay menos ácidos grasos asociados a la formación de placas en las arterias», añade el investigador. En el caso del yogur regenerativo, los resultados son aún más positivos, ya que presenta índices aterogénicos y trombogénicos más bajos (que miden la tendencia de las grasas a favorecer la formación de coágulos en la sangre). «En general, esto se asocia con un perfil lipídico más saludable, con un menor riesgo cardiovascular y de formación de trombos».
Un suelo sano
En cuanto al análisis de suelo, las diferencias más significativas se observaron en las fincas Verdcamp Fruits y Pomona Fruits. En particular, se detectó que la concentración de carbono en el suelo es al menos un 35 % mayor en las tierras regenerativas que en las parcelas convencionales. En el caso de la finca Familia Torres, se observa una evolución positiva, aunque en cultivos de secano y leñosos, como la vid, los cambios son más lentos.
En cuanto a la capacidad de retención de agua, han detectado que es al menos un 9 % mayor en las parcelas regenerativas . «Este aumento significa que pueden absorber más agua en caso de inundación y tener más reservas en caso de sequía», señala Sara Marañón, investigadora del CREAF. El estudio también demuestra que el modelo regenerativo mantiene mejor el microclima del suelo, «esto es muy positivo porque, por ejemplo, amortigua la temperatura cuando hace calor y mantiene mejor la humedad».
Además, se ha observado una mayor diversidad de bacterias, hongos y microartrópodos en el suelo, y varias de las especies detectadas son bioindicadoras de una mejor calidad del ecosistema. «Por ejemplo, aparecen especies reconocidas como biopesticidas comerciales , como Metarhizium sp. , que pueden actuar como control natural de plagas», explica Xavier Domene, investigador del CREAF.
Más flores disponibles para los polinizadores.
Durante este proyecto, también se analizó la riqueza de flores e insectos como abejas, mariposas y sírfidos. Entre los resultados, se observó una mayor variedad de flores en los campos regenerativos de las cuatro fincas, especialmente en los márgenes. «Esto es positivo porque, cuantas más flores haya, mayor será la probabilidad de que los insectos visiten los cultivos y mejoren la producción y la calidad », explica Iraima Verkaik, técnica del CREAF.
El equipo también observó que los frutos de rábano expuestos a los campos regenerativos, utilizados como plantas indicadoras, contenían un 10 % más de semillas . Esto es importante, ya que un mayor número de semillas suele indicar una polinización más completa, lo que se traduce en frutos mejor formados.
Un modelo rentable
El proyecto también analizó los costes y la producción de diferentes alimentos en las cuatro fincas: peras en la finca Pomona Fruits, hortalizas en la de Verdcamp Fruits, uvas en la de Familia Torres y leche en la de Planeses. Los resultados finales confirman los obtenidos durante el primer año: una vez restaurada la salud del suelo en una finca regenerativa, este modelo puede producir la misma cantidad de alimentos que la convencional a un coste similar o inferior.
El proyecto ha sido financiado por el Fondo Climático del Departamento de Territorio, Vivienda y Transición Ecológica, que se nutre en un 50 % de los ingresos procedentes del impuesto sobre las emisiones de CO2 de los vehículos de tracción mecánica y en un 20 % de la recaudación del impuesto sobre instalaciones que afectan al medio ambiente. La directora general de Cambio Climático y Calidad Ambiental, Sonsoles Letang, destacó que « proyectos como RegeneraCat demuestran que la lucha contra el cambio climático también es una oportunidad para transformar nuestro modelo productivo y hacerlo más resiliente, saludable y competitivo, y que el Fondo Climático es una herramienta clave para hacer posible esta transición, ya que permite reinvertir los recursos procedentes de la fiscalidad ambiental en iniciativas con base científica que aportan beneficios tangibles al territorio, al sector agrario y a la ciudadanía».

































