- La escasez de agua, el encarecimiento de la energía y la presión regulatoria sobre el uso de productos químicos están redefiniendo el futuro de la agricultura europea. En este contexto, la tecnología de nanoburbujas desarrollada por Moleaer se posiciona como una de las soluciones más disruptivas para mejorar la eficiencia del riego, la salud del suelo y la rentabilidad de las explotaciones agrícolas.
ORIGEN Y TRAYECTORIA
Aunque la compañía nació como una startup de innovación en Estados Unidos, hoy se ha consolidado como líder mundial en la generación de nanoburbujas. Su apuesta por Europa es clara: para atender este mercado, Moleaer cuenta con una planta de producción en Almería, desde donde ensambla y fabrica sus generadores patentados destinados a clientes de toda Europa y África.
La trayectoria de la empresa respalda su posición. Con más de 4.000 generadores desplegados en todo el mundo, su capacidad instalada permite tratar de forma sostenible más de 3.500 millones de litros de agua al día. En miles de explotaciones agrícolas, Moleaer ha logrado mejorar la salud de los cultivos, con incrementos de rendimiento que en algunos casos alcanzan hasta un 56 %, al tiempo que reduce de forma significativa el uso de fertilizantes químicos y optimiza la huella hídrica.
CÓMO FUNCIONA
La clave de esta tecnología reside en la base científica. Los generadores de Moleaer, integrados directamente en los sistemas de riego, inyectan trillones de burbujas de gas de tamaño nanométrico, menos de 200 nanómetros, unas 2.500 veces más pequeñas que un grano de sal, invisibles a simple vista. A diferencia de los sistemas convencionales, alcanzan eficiencias de transferencia de gas superiores al 85 %, logrando concentraciones óptimas de oxígeno disuelto, esenciales para el desarrollo vegetal.
Además, las nanoburbujas mejoran la infiltración y la humectabilidad del suelo, potenciando la absorción de agua y nutrientes. Pero estos beneficios no se quedan en la teoría. Diversas instituciones de investigación y universidades de Estados Unidos, Europa y América Latina han validado la tecnología en múltiples cultivos, tanto en suelo como en sistemas hidropónicos.
En España, cuatro estudios independientes refuerzan estas conclusiones. En pepino, la Fundación Cajamar registró un aumento del rendimiento del 16,2 %, la Universidad de Almería un 13 % y Tecnova un incremento del 10,5 % en el peso total de los frutos. En tomate, Agrocolor certificó una mejora del 9,8 % en la producción total, confirmando la eficacia de las nanoburbujas en distintos ciclos productivos.
BENEFICIOS
Este aumento productivo está directamente relacionado con la mejora de las condiciones de la rizosfera. Al oxigenar la zona radicular, se incrementa la absorción de elementos clave como calcio y potasio y se estimula la actividad de bacterias y hongos beneficiosos, mientras se mitiga el crecimiento de patógenos anaeróbicos.
De este modo, la tecnología no solo ayuda en la nutrición del cultivo, sino que contribuye a regenerar la salud del suelo, alineándose con los principios de la agricultura regenerativa, tanto en producción ecológica como convencional.
Desde el punto de vista económico, la rentabilidad es uno de los grandes argumentos. Al combinar el aumento de producción comercializable con el ahorro en costes operativos —menor uso de químicos, fungicidas y fertilizantes— el retorno de la inversión suele situarse entre los 12 y los 24 meses en agricultura intensiva.
APLICACIÓN
La aplicabilidad de esta solución va mucho más allá del invernadero. Moleaer ya trabaja con berries, lechuga y brásicas, así como con cultivos leñosos estratégicos como cítricos o subtropicales.
En un país donde la escasez de agua y la salinidad son retos comunes, las nanoburbujas aportan resiliencia frente al estrés hídrico y térmico, permitiendo mantener la productividad incluso con aguas de menor calidad.
En cuanto a la maquinaria, la compañía dispone de una amplia gama de generadores dimensionados a medida. Uno de los modelos más recientes, INDALO™, ha sido diseñado específicamente para resistir las duras condiciones de la agricultura intensiva mediterránea y para integrarse fácilmente en cabezales de riego existentes.

































